Próstata
Levantarse de noche a orinar.
7 de octubre de 2026
Después de una cena con vino, levantarse una vez le pasa a cualquiera. Te despiertas, vas, vuelves a la cama, y a la mañana siguiente casi ni te acuerdas. La segunda vez ya cansa. El pasillo está a oscuras, el despertador sigue apagado, y al volver cuesta coger el sueño. La tercera parte la noche en trozos. Al día siguiente se está espeso, y se echa la culpa al vino. A veces la tiene. A veces la noche habría sido igual con agua.
Por qué unas noches sí
De noche, si la cena fue normal y no se bebió tarde, se orina menos. El cuerpo frena la orina para poder dormir. Una cena salada lo estropea: la sal retiene, y unas horas después la vejiga recibe lo que de día no soltó. La cerveza tarde empuja a orinar cuando ya se debería estar durmiendo. Sal y cerveza en la misma cena dejan una noche mala aunque la próstata esté bien y el chorro de día sea el de siempre.
Hay otro motivo que se nota menos, porque no pasa en la mesa. Si las piernas están hinchadas al final del día, al tumbarse ese líquido deja de estar en los tobillos y acaba en la vejiga. Por eso hay gente que se levanta aunque haya cenado poco y no haya bebido. Los calcetines dan una pista: si al quitárselos queda marca, merece contarlo. En la consulta a veces no preguntan por los tobillos, y la noche se explica por ahí.
En muchos hombres, con los años, la próstata estrecha el conducto. La vejiga avisa aunque dentro quede poca orina. El vaciado se queda a medias, y a la hora hay que volver. De día se nota en el chorro, que tarda en arrancar o se corta a mitad. De noche se nota en las idas. En la cita se cuentan las dos, el chorro de la mañana y las veces de madrugada, porque dichas por separado parecen dos problemas.
Apuntarlas
Contar las idas durante una semana sirve para la cita. No hace falta una tabla. Un papel en la mesilla: la hora, y si salió mucho o poco. A los siete días se ve si fueron dos noches malas después de cenar fuera, o si son todas las noches, cena de viernes incluida. Sin el papel, en la consulta se redondea mal. Casi siempre hacia abajo, porque de día ya no se acuerda una de las veces y se dice «una o dos».
El papel también enseña la hora. Levantarse a las doce, justo al acostarse, no es lo mismo que levantarse a las cuatro, cuando ya se llevaba un rato dormido. La primera suele ir con lo que se bebió tarde. La segunda se parece más al vaciado que se queda a medias. Son matices, y aun así cambian lo que se mira primero.
La cena
Cenar más soso baja esas idas a bastante gente. Dejar el jamón y las olivas para la comida, y cenar algo que no pida un vaso de agua detrás de otro. El vino, si se va a tomar, mejor por la tarde, con tiempo de orinar antes de dormir. Vaciar la vejiga al apagar la luz parece una tontería. Baja una ida a quien se acostaba con unas ganas pequeñas que a las tres ya no lo son.
Si el chorro se ha quedado fino y al terminar gotea en la ropa, se dice en la cita. El goteo se vive como una mancha en la ropa interior, y por eso se omite. Allí importa. Con sangre o con fiebre se llama esa noche. Si en toda la noche no sale nada y las ganas siguen, se llama también. El papel de la mesilla, esa noche, puede esperar.
